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title: El rey que puede limpiar
description: "¿Conoces a alguien tan hundido en el pecado que piensa que es imposible ser restaurado? Hay un Rey que puede limpiar: Jesucristo, el Hijo de Dios."
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# El rey que puede limpiar

Tiempo estimado de lectura:   
[Dan Jarms](https://blog.tms.edu/es/author/dan-jarms) | 16 octubre 2026

Piensa en el pecado más vergonzoso y contaminante que puedas imaginar desde el punto de vista social. Ahora imagina que la persona que lo cometió tiene una enfermedad contagiosa e incurable. Esto comienza a darnos una idea de cómo un israelita podía haber visto la lepra. La lepra no solo era vista como un contagio peligroso, sino también como una señal de la maldición de Dios (Números 12:10–13). Por eso, la sanidad del leproso realizada por Jesús en Lucas 5:12–14 es tan importante.

La autoridad de Jesús es tan grande que Él puede limpiar y restaurar sin correr el riesgo de ser contaminado. Él puede llevar a cabo una obra salvadora que restaura a una persona consigo mismo y con la familia de Dios. El evangelio que proclamamos es lo suficientemente poderoso para limpiar, sanar y restaurar a los pecadores más contaminados. Nuestro tiempo no es muy diferente al de Israel. Las culturas de nuestras iglesias a menudo tienen una lista no expresada, hecha por el hombre, de «pecados contaminantes.» También tenemos un grupo de lo que Jerry Bridges llama «pecados respetables». Los pecadores respetables son bienvenidos y se sienten cómodos entre nosotros; los pecadores contaminados, a menudo, no. Jesús desafía esta manera de pensar y se muestra como el Rey que puede limpiar.

Lucas y los otros escritores de los Evangelios son cuidadosos y convincentes al establecer la autoridad de Jesús como el Hijo de Dios. Desde el bautismo de Jesús (Lucas 3:22), Lucas muestra que Él es el Hijo de David prometido (Salmo 2:7). Él es quien puede liberar a los cautivos y dar inicio al año favorable del Señor (Lucas 4:17–19). Su enseñanza tiene autoridad (Lucas 4:32). Él tiene autoridad sobre los demonios (Lucas 4:36). Él tiene autoridad para perdonar (Lucas 5:24). Desde el comienzo de todos los Evangelios, Jesús ejerce su autoridad para salvar y sanar. La sanidad del leproso es uno de los ejemplos más impactantes a nivel social y emocional.

> «Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos.» —Lucas 5:12-14

La aflicción de la lepra

Lepra era un término general para numerosas enfermedades de la piel. Este hombre tenía lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen. Es una bacteria altamente contagiosa que se aloja en la piel de las manos, el rostro y las rodillas. Hoy en día, esta enfermedad tiene cura. En aquel tiempo, no. Las personas perdían dedos y sufrían graves deformaciones faciales, incluyendo el hundimiento de la nariz y la caída de los párpados. La lepra producía una desfiguración permanente. Para empeorar las cosas, la lepra era sinónimo de contaminación espiritual. La lepra era la enfermedad de los inmundos, los impuros y los malditos.

Levítico 13–14 da instrucciones detalladas sobre cómo tratar esta enfermedad. Los sacerdotes tenían la tarea de diagnosticar y poner en cuarentena a cualquier persona con lepra. Esto impedía que un leproso adorara en la sinagoga o en el templo. Esto resultaba en la expulsión inmediata de su hogar y de su pueblo. Era tarea del sacerdote declarar cuándo una persona afectada estaba curada. Los leprosos eran aislados en campamentos de refugiados. Debían mantenerse a cincuenta pasos de los demás y, si se acercaban a otras personas, la ley les exigía gritar: «inmundo, inmundo.» Todo leproso era un marginado en su comunidad.

El encuentro dramático

> «viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.» —Lucas 5:12

Aquí había un hombre tan desesperado que estaba dispuesto a sobrepasar los límites legales y dejar de lado toda norma de conducta apropiada. Había oído acerca de los milagros de Jesús y no dudaba ni por un momento de la capacidad de Jesús para sanarlo. Sin embargo, sí se preguntaba si Jesús estaría dispuesto a ayudarlo. Su pregunta tiene que ver con la actitud de este nuevo y popular rabino hacia los contaminados. Ningún rabino respetable y consciente de su ministerio permitiría que una persona así se acercara a él y que él mismo fuera contaminado. El leproso en realidad se dirige a Jesús como «Señor». En Lucas, «Señor» siempre se refiere a Dios o a su Mesías. El leproso reconoce quién es Jesús. Pero ¿está Jesús, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, ¿dispuesto a sanar a los contaminados y malditos de Dios? Al preguntar, el leproso se pone bajo la misericordia y la gracia soberanas de Jesús.

## Un gesto impactante

Lo que Jesús hace y dice a continuación llama nuestra atención. También habría llamado la atención de las autoridades religiosas. Estar tan cerca de un leproso automáticamente habría violado la pureza ritual de Jesús.

> Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». —Lucas 5:13

Observa el orden. Jesús extendió su mano y lo tocó. Luego habló. Esto habría estremecido la sensibilidad de todos los que observaban. James Edwards escribe: «Se esperaría que un judío común retrocediera ante la intromisión del leproso, pero la compasión de Jesús supera la indignación social. El brazo extendido de Jesús llegaba muy lejos para su época… para cualquier época» (The Gospel According to Luke, 160). Esta fue una acción escandalosa.

¿Cuándo fue la última vez que este leproso abrazó a un miembro de su familia o asistió a la sinagoga? Probablemente habría sido justo antes de que fuera declarado inmundo. Podrían haber pasado meses, incluso años. Aquí, el primer toque tierno y compasivo vino de Jesús, el Hijo de Dios.

Lucas continúa:

> «Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos.» —Lucas 5:14

Jesús, el santo y misericordioso Hijo de Dios, no podía ser contaminado y, en cambio, extendió una sanidad purificadora. Él, y no los sacerdotes levíticos, hizo una declaración de limpieza. Jesús le dijo al leproso que viajara a Jerusalén y presentara las ofrendas correspondientes en el templo (véase Levítico 14); entonces sería libre de regresar a casa. El leproso no solo fue sanado, sino también reconciliado con Dios el Padre. Aún más, fue restaurado a su familia, sus amigos, su trabajo, la sinagoga y, sobre todo, a la adoración en el templo con el pueblo de Dios.

La respuesta de la región fue increíble.

> «Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades.»    —Lucas 5:15

La limpieza espiritual por medio de Jesús

Los escritores de los Evangelios daban a entender que la sanidad física era un reflejo de la sanidad espiritual que todos necesitamos desesperadamente. En el relato de Mateo, toda la sección de sanidades se resume diciendo: «para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.» (Mateo 8:17). Esta cita de Isaías 53:4 habla de la sanidad espiritual que sería realizada por medio de la muerte sacrificial y expiatoria del Mesías.

La lepra era el reflejo físico de la realidad espiritual de la naturaleza contaminante del pecado. En nuestro pecado, estamos contaminados y, a su vez, contaminamos a otros. Estamos bajo la maldición de Dios hasta que venimos a Jesús, rogándole que nos limpie. Solo el pago completo de Jesús en la cruz proporciona esta limpieza tan necesaria. La muerte de Jesús proporciona expiación: la eliminación del pecado. Proporciona propiciación: la satisfacción de la ira de Dios. También proporciona limpieza de nuestra naturaleza contaminada.

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 *No hay pecado que Jesús no pueda perdonar ni del cual Jesús no pueda limpiar.* 

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El escritor de Hebreos dice esto acerca del Rey que puede limpiar: «el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, **habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados** por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,» (Hebreos 1:3).

Las implicaciones son de gran alcance y gloriosas. Hay buenas noticias para el pecador que no cree. No hay pecado que Jesús no pueda perdonar ni del cual Jesús no pueda limpiar. ¿Cuál es el pecado más contaminante que puedes imaginar? ¿Es un pecado sexual? ¿Es un pecado violento? ¿Es un pecado de ira y abuso? ¿Es un pecado de chisme y calumnia? Hay limpieza para todos estos pecados.

Estas son buenas noticias para el cristiano. Los pecados de pornografía, adulterio, homosexualidad, calumnia y chisme pueden ser limpiados. Ciertamente hay asuntos de arrepentimiento y reconciliación entre tú y las personas a quienes has lastimado. El abuso y la violencia tienen consecuencias legales. Pero puedes acudir a Jesús si, como el leproso, te inclinas humildemente y te arrepientes.

1 Juan 1:9 promete: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad».

¿Necesitas ser limpiado? ¿Conoces a alguien tan hundido en el pecado que piensa que es imposible ser restaurado? Hay un Rey que puede limpiar: Jesucristo, el Hijo de Dios.

*\[Editor's note: This article was originally published in March 2019 and has been updated.\]*

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[Dan Jarms](https://blog.tms.edu/es/author/dan-jarms)

Dr. Dan Jarms is the teaching pastor at Faith Bible Church in Spokane, WA. He is also the associate dean of the TMS distance location at FBC and a graduate of The Master's Seminary.

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