¿Cómo estás viviendo tu vida? ¿Estás viviendo como hijo de Dios o como alguien más? Debemos tener cuidado de cómo vivir. El hijo de Dios debe vivir consistentemente con lo que profesa, no solo para ser consistente, sino porque un corazón genuinamente transformado dará fruto.

El Salmo 1 hace un contraste entre el impío y el justo. Los versículos 1 y 2 afirman la elección de los justos para obtener su guía y sus valores de la autoexpresión autoritativa de Dios. El justo se deleita en la Palabra de Dios y esto tiene un efecto práctico en su vida. El versículo 3 describe las implicaciones prácticas de esa elección por medio de una imagen extraída de la naturaleza. El salmista compara al justo con un «árbol». Un árbol puede florecer o puede desvanecerse. Todo depende de su ubicación y su acceso al agua. En este caso, noten que este árbol está «plantado junto a corrientes de agua». Esta traducción, sin embargo, no transmite completamente el sentido de la palabra hebrea aquí para «plantado». En realidad, significa «ser trasplantado» como una rama o como un brote. Esta palabra ocurre en el libro de los Salmos una vez más, además de en el Salmo 1 y, curiosamente, también se utiliza con referencia al «justo» (Sal 92:12–15). Parece entonces que el justo del Salmo 1 es transportado desde algún lugar árido del mundo a un jardín adecuado, posiblemente a la casa del Señor como en el Salmo 92, para que florezca. Una vez allí, es trasplantado cuidadosamente junto a canales de agua, donde el agua nunca cesa de fluir, provocando inevitablemente crecimiento y prosperidad. Esta es una imagen vívida del justo.

Salmo 1:3–4

El justo, además, «da su fruto a su tiempo» (1:3). Esto implica que se convierte en un árbol fructífero. No se concibe de otra forma. Él continuamente o regularmente produce fruto en la época precisa. Noten que no dice que da fruto todo el tiempo, pero sólo cuando se supone que lo tiene que hacer. En otras palabras, este árbol no sólo se mantiene con vida, tratando de sobrevivir otro día más. Está tan bien nutrido por el suministro constante de agua que, no sólo nunca deja de dar fruto, sino que su follaje está siempre vibrantemente verde. Su hoja «no se marchita». Es prácticamente inmune al daño agobiante de una sequía. Es un árbol frondoso que crece cada vez más. Esa es la imagen que el salmista brinda acerca del justo en este Salmo.

La descripción del justo por parte del salmista en el Salmo 1:3 es significativa porque resalta aún más lo que enfatizó en los primeros dos versículos: el hecho que, ese profundo sentido de gozo y satisfacción del justo es el resultado directo de su repetida elección. Él no sólo evita la guía y los valores del impío (1:1) sino que elige hacer de la instrucción de Dios el objeto supremo de su deseo y el foco de su reflexión diligente (1:2). Y por eso él prospera, naturalmente, en todo lo que hace (1:3), porque vive dentro de las pautas del Dios de la ley que él personalmente conoce (Jos 1:8–9). Su estilo de vida es un reflejo del dador de toda la vida, el jardinero divino, que ha trasplantado al justo en su obra redentora y lo está cultivando a través del agua nutritiva de su revelación.

En el versículo 4 (Sal 1:4) se introduce un estilo de vida totalmente diferente. De una manera simple pero enfática el salmista resume la manera de vivir del impío con una breve comparación. La vida del impío se reduce a esto: «paja». Esta imagen alude a la práctica antigua de arrojar el grano en el tiempo de la cosecha. El grano era arrojado al aire en un lugar donde corría la brisa para que el tamo de paja sea arrastrado por el viento bien lejos, mientras que el grano que era más pesado caía de nuevo al suelo. La paja es inútil, es perecedera. Sólo el grano permanece, no así la paja. Una vez que el viento sopla, la paja se va con él. Simplemente no tiene valor. De la misma manera, tampoco lo tiene el impío. El contraste no podría ser más claro: el impío es absolutamente pasivo, arrastrado por el viento del juicio de Dios, mientras que el justo persigue de manera activa una vida de obediencia a la voluntad de Dios y es bendecido por Él. El profeta Jeremías utiliza la misma imagen en Jeremías 17:5–8, pero él habla del impío como un arbusto en el desierto. Aquí, en el Salmo 1, los dos estilos de vida están más marcados porque la paja es aún más perecedera que el arbusto. Esto hace que el llamado de advertencia para evitar la guía y los valores de los malvados sea aún más convincente.

¿Quién querría razonablemente recibir consejo de alguien que está a la merced del juicio divino, que carece de sustancia real y que solo le espera miseria eterna? ¡Nadie! A menos que tu mente esté alejada de los pensamientos de Dios. ¿Cómo estás viviendo, como un justo o como un impío?

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Nota: Si deseas leer la primera parte de esta serie, puedes hacerlo en el enlace siguiente: Dos elecciones en vida: Aprendiendo del Salmo 1